P. ENRIQUE ALVEAR

 04 de Mayo, 2015

El P. Enrique Alvear Urrutia, Obispo Auxiliar de Santiago y Vicario de la Zona Oeste, fue el octavo hijo de once hermanos. Su formación estuvo basada en el respeto y la reflexión. Estudio en el colegio Instituto de Humanidades Luis Campino, luego siguió la carrera de Derecho en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En un retiro inicia su formación y luego se desarrolla como sacerdote en la más profunda convicción de que debía ayudar a los más desvalidos y a los más necesitados.

En 1941 fue ordenado sacerdote y consagrado obispo en 1963, ejerciendo posteriormente en las sedes de San Felipe, como auxiliar de Santiago y en Talca, después de haber sido vicario general del Arzobispado de Santiago, siendo auxiliar del Cardenal Raúl Silva Henríquez en 1974, entre sus labores en la Iglesia, participó en el Concilio Vaticano II, en la Conferencia Episcopal y en CELAM, así como en organismos laicos de acción social.

Falleció en 1982. Sus restos estaban en el denominado Santuario de Lourdes de Quinta Normal, un lugar ubicado en la zona oeste de la Diócesis a la que se dedicó toda su vida, en ese lugar permanecieron hasta el domingo 13 de abril del 2008, día en que sus restos fueron trasladados hasta la Parroquia San Luis Beltrán, donde fue bendecida una Nueva Tumba, abierta a todo el público; lugar donde desde esa fecha descansan sus restos mortales.

A fines del 2011 Monseñor Ricardo Ezzati, Arzobispo de Santiago, aprueba el nombramiento de la Fundación Enrique Alvear Urrutia como Actor para la causa de beatificación y canonización de Monseñor Enrique Alvear y a inicios de 2012 se inicia el proceso de beatificación de Monseñor Alvear, se constituyó la comisión que lleva a cabo el proceso, conformada por el R.P. Jaime Correa Castelblanco, S.I. como delegado episcopal y Pbro Fernando Tapia Morales, como postulador de la causa.

El P. Fernando Tapia, Presidente de la Fundación Obispo Enrique Alvear, nos facilita algunos pasajes de su vida: A través de sus gestos y palabras para defender la vida y la dignidad de todo ser humano y para cooperar con todo el Episcopado chileno y latinoamericano que en Puebla (1979) hace explícitamente una opción preferencial por los pobres y en Chile declara que la Iglesia es servidora de la vida.

En carta al director de El Mercurio, en 1969, escribía: No andemos temerosos porque hay signos de violencia, anhelos revolucionarios, fuertes movimientos juveniles que buscan un mundo más justo. Sintamos la alegría de saber que todo eso es el signo que nos manifiesta que Dios está impulsando en el mundo un gran cambio. El quiere una comunidad humana donde el hombre sea más persona y las personas más solidarias...El cristiano, con la claridad del Evangelio, debe distinguir en todos aquellos signos, hacia dónde va el movimiento renovador con que Cristo Resucitado impulsa el mundo...


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