JEREMIAS, NOS INVITA A SER CAMINANTES MISIONEROS

 11 de Diciembre, 2014

Nací en Judea en el año 650 antes de Cristo, pertenezco al pueblo Hebreo, mi padre es sacerdote y se llamó Hilcías. El nombre Jeremías significa: "Dios me eleva".

Viví en Anatot un pueblecito cercano de Jerusalén (a 5 kilómetros) en la finca de mis padres, cuando fui llamado por Dios a profetizar. Al principio me resistía diciendo como excusa que era demasiado joven y débil para este oficio tan importante y Dios me respondió: "No digas que eres demasiado joven o demasiado débil, porque Yo iré contigo y te ayudaré".

Los primeros 17 años profeticé solo por medio de la palabra hablada. Después empecé a dictar mis profecías a mi amigo Baruc, y así ahora son los 52 capítulos del Libro de Jeremías en la Biblia (unas 70 páginas).

He vivido en Judá, en Jerusalén, Babilonia y Egipto, me dedico al anuncio de la verdad entre mis compatriotas, les pido que se arrepientan de sus malas acciones incluso a los reyes de mi tiempo, Josías, Joaquín y Sedecías quienes no volvían su corazón a Dios.

He sufrido muchas acusaciones y maltratos, una vez hasta me azotaron para hacerme callar, pero lo que tengo que decirles sobre Dios es más fuerte que yo mismo, no me puedo quedar callado.

Me llaman el profeta de las lamentaciones porque advierto que algo malo pasará si no nos convertimos de corazón y muchas veces me han tenido que dar la razón.

Muchas veces clamaba a Dios diciendo: "Señor, estoy cansado de hablar sin que me escuchen. ¡Todos se burlan de mí! Cuando paso por las calles se ríen y dicen: ‘Allá va el de las malas noticias’. ¡Miren al que regaña y anuncia cosas tristes! Señor me propongo decirles cosas amables y Tu en cambio pones en mis labios anuncios terroríficos!".

Dicen que en la antigüedad soy el que más me asemejo a Jesús en los sufrimientos y en ser incomprendido y perseguido. Solamente después de mi muerte reconoció el pueblo mi gran santidad. Y cuando todas sus profecías se hubieron cumplido a la letra, se dieron cuenta de que sí había hablado en nombre de Dios. Lástima que lo reconocieran cuando ya era demasiado tarde.

Incluso cuando no entendía a Dios le podía conversar, preguntar, hasta que en el fondo de mi corazón encontraba la respuesta:

Yavé, tú tienes siempre la razón cuando yo hablo contigo, y, sin embargo, hay un punto que quiero discutir: ¿Por qué tienen suerte los malos y son felices los traidores?
Los plantas en esta tierra y en seguida echan raíces, crecen y dan frutos, a pesar de que te honran con puras palabras y estás lejos de sus corazones.

En cambio, a mí me conoces, Yavé; me has visto y has comprobado que mi corazón está contigo. Llévatelos como ovejas al matadero y señálalos para el día de la matanza.

¿Hasta cuándo estará de luto el país? ¿Permanecerá seco el pasto de los campos? Aves y bestias ya han perecido por causa de la maldad de los hombres, pues ellos dicen: «Dios no ve nuestra conducta.»

Pero yo creo que no sólo quiere que nos portemos bien, quiere que nos amemos unos a otros, que seamos solidarios, que seamos profetas en nuestros días, que salgamos como CAMINANTES MISIONEROS y compartamos con otros nuestra alegría!!

 

#JóvenesApóstoles
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