TODOS TENEMOS UNA MISIÓN

 28 de Agosto, 2014

Por: Carolina Paz Brown Ramírez

Cuando hablamos de Misión Territorial, o Misión permanente, a la gran mayoría lo primero que se nos viene a la mente, es las que realizamos con nuestras pastorales o vicarías, pero ser un misionero es mucho más que eso. Quizás muchos de nosotros hemos sido parte de la experiencia de ir a misiones, rurales o urbanas. La pregunta es ¿Cómo vivimos la misión?

El ser misionero es un nombre que a veces nos queda grande, no solo implica estar 10 días en un lugar que no conocemos entregando la palabra de Dios, va mucho más allá. Un misionero es aquel que está en constante movimiento, sin importar el lugar ni la hora. Un misionero es el que deja todo simplemente por el amor al servicio. Un misionero es incondicional, y la misión es sencillamente eterna. Hace algunos días tuve la oportunidad de partir 3 días al sector donde misioné en 2013 por primera vez. En un principio si me sentí un poco nerviosa por el hecho de que quizás ya nadie se acordaría de que alguna vez anduve recorriendo las calles y casas de Ibacache, y por que principalmente no estaba al 100% en mi vida pastoral. Uno nunca sabe lo que le espera cuando llega a un lugar que no ha visitado hace tiempo, pero para mi sorpresa desde el momento que comencé a ver aquellas casas en las cuales me habían recibido con tanto amor, se me llenaron los ojos de lagrimas y sentí algo que no sentía hace mucho. ¡Dios estaba llenándome de un gozo enorme! Y no solo eso, si no que me daba la oportunidad de vivirlo y compartirlo con amigos. El día de la misión me sentía como en mi casa, volvía a un lugar donde había vivido experiencias muy lindas y donde había conocido a gente que ahora son grandes amigos, busqué sin parar una de las casas en las cuales me recibieron desde el día uno y cuando llegué me contaron que se habían cambiado a otro lugar. No lo podía creer, dije no creo que se hayan ido tan lejos, así que seguí hasta que conversando con una señora del sector me contó que la familia de la señora Carmen se había cambiado de casa justo al lado de la primera casa que yo conocí. Corrí hasta encontrarla, grité el famoso ¡Aló! Y la vi, era Carmen me abrazó como si fuera su hija. Fue en ese momento que realmente comprendí que si estaba haciendo lo correcto y que lo que tenemos que hacer los católicos en nuestra vida es el servicio y la misión.

Cada uno está llamado algo distinto ya sea dentro de nuestro círculo cercano, en el colegio, universidad, parroquia, etc. Todos tenemos una misión. Como católicos debemos estar en una constante misión, hacer saber que estamos más vivos que nunca y que somos parte de una iglesia que está en reconstrucción con jóvenes que quieren llevar a Cristo y que desean una sociedad mejor.

Y cuál es tú misión? Llévala y comenta

 

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