Bergoglio y su renovada misión como obispo de Roma. Gestos y expectativas en torno al Papa de la sonrisa.

 29 de Julio, 2013

Por: Cristobal Núñez. Encargado de contenidos.

Conversando acerca de la JMJ que fue celebrada en Río, un buen amigo -que se considera no creyente- comentó el fin de semana que estaba cansado de tanta expectativa que se ha puesto en el Papa Francisco y su accionar. “Ustedes, la iglesia, no pueden esperar que un Papa reforme y cambie cosas que nunca van a cambiar” decía agregando que “…finalmente, yo creo que a Él lo eligieron Papa para guiñarle el ojo a los latinoamericanos, pa’ tener a la gente contenta y con falsas esperanzas”.

Sus palabras hicieron eco en lo más profundo de mis pensamientos. Es que, ciertamente, Francisco Papa ha tenido una asombrosa aprobación entre los católicos y no-católicos por su carisma, por sus gestos y palabras, por su sencillez a la hora de anunciar la gozosa invitación que el Señor nos hace a amar poniendo nuestra vida humilde en sus manos. El Papa Francisco, el jesuita franciscano como algunos lo llaman, el papa tercermundista venido del “fin del mundo” intenta ser como siempre ha sido. Y así, consciente de su renovada misión como obispo de Roma, sucesor de Pedro, cabeza del colegio episcopal sabe que su estilo evangélico tiene una innegable fuerza revolucionaria y lo vemos en un permanente actuar que descoloca a muchos.

La consagración de Jorge Mario Bergoglio, el primer Papa sudamericano, se ha efectuado en medio de una patente crisis en la Iglesia. Crisis marcada por una dañada relación entre la jerarquía y los demás fieles, además de una dramática y profunda ruptura entre fe y cultura en los católicos. No podemos saber aún con exactitud que hay detrás de las acciones y palabras del nuevo Papa frente a la multitud de problemáticas en la realización de la Iglesia, sacramento de salvación, en el mundo hoy. Mas, en efecto, podemos entrever al menos un reconocimiento de necesidades fundamentales de cambios. Cambios que tienen que ver con reforma estructural, cambios que buscan una Iglesia menos centrada en el Papa y la curia vaticana, una Iglesia en más efectiva horizontalidad de sus relaciones intra y extra eclesiales. Sin duda, hay una auténtica e innegable conciencia de la urgencia por propiciar la unidad en la comunión, la inclinación hacia un modo más colegial de relaciones.

En todo caso mi amigo en algo, mucha razón tiene. Y ¡Ojo esto va para todos! Debemos rehuir de tantas visiones mesiánicas en torno a la figura del nuevo obispo de Roma, quitarnos esa desenfocada papolatría mediática. Ese no es el centro. Esa no es nuestra fe. Jesucristo es nuestra Esperanza y su Espíritu ciertamente acompaña e ilumina el peregrinar del Pueblo de Dios. Es el Espíritu Santo quien continúa infundiendo el Amor de Dios por la Iglesia a toda la humanidad, Jesucristo por la acción del Espíritu renueva y fortalece a sus fieles, a su Iglesia. Depositemos nuestras vidas y la de nuestros pastores en el Señor, seamos así testigos del Resucitado que nos invita a amar como Él nos ama: Oremos por la Iglesia, el Pueblo de Dios, para que seamos hoy, aquí y ahora, más auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo desde la humildad en el servicio.

 

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